Doce de Octubre

Doce de Octubre en la Plaza de Cataluña

España

Después del trago largo que ha supuesto para algunos la concentración del Doce de Octubre en la Plaza de Cataluña, llega el momento de la resaca, culpable del mal cuerpo que a algunos les ha quedado.

Lo que no se entiende es el afán competitivo de esta convocatoria, con la anterior en el día de la Diada. Se supone que cuando hay varias cosas factibles debe de existir un comparativo de las mismas a fin de tratar de escoger la mejor. Pero en este caso no existe afán comparativo, ya que la alternativa a las circunstancias actuales y al sistema integrado de Cataluña en España, no existe.

No existe, de la misma manera que no existe alternativa a la vida. Lo que me hace recordar los lamentos de un marino que había visto naufragar el barco de unos compañeros, naufragio en el que no hubo supervivientes. Cuando estaba contando entre lamentos el suceso a las cámaras de televisión, sollozó:”mi padre decía  que la vida es una mierda, pero acababa diciendo, que la alternativa es inviable”.

Los paños calientes no son la medicina que se necesita para curar la enfermedad independentista de algunos políticos con aires de grandeza y espejismos. A veces, es necesario un puñetazo encima de la mesa, de la misma manera que un azote en el culo de un niño puede evitar males mayores más adelante, digan lo que digan los puristas educativos de ahora.

Se ha intentado contentar y calmar  “al bicho independentista”, a base de abrazos. Posteriormente, se le ha intentado calmar a base de transferencias de dinero de manera vergonzante, y lo único que se ha conseguido, y a la vista está, es nutrirlo y alimentarlo. Pues quizá ha llegado la hora de cambiar de táctica y ponerlo a dieta. Dieta de subvenciones, de paños calientes y de cariño. Atémosle corto y hagámosle un seguimiento de los medios aportados por el Gobierno Central, para evitar que se dilapiden y se utilicen en nuestra contra.

Que las cifras de la gente que ha salido a la calle, no oculte el verdadero significado de las cosas. Que la manifestación por la independencia que dicen que ha sacado a la calle a un millón trescientas mil personas, no nublen a las ciento treinta mil, que dicen que han salido el Doce de Octubre. Primero, porque el mérito de estas últimas no tiene comparación con las primeras, eso salta a la vista. Y segundo, porque la mayoría no es sinónimo de razón. En el Medievo, el noventa y nueve por ciento de las personas creían en las brujas. Está claro que el uno por ciento restantes, tenía razón.

Si hiciésemos una encuesta sobre la bondad de pagar impuestos, seguro que la mayoría votaría en contra del pago de los mismos, y, ¿eso sería razonable en  nuestro sistema? Entonces, ¿deberíamos dejar de pagarlos, porque la mayoría no queramos hacerlo?

El sistema autonómico además de una ruina económica, se ha convertido en un semillero de corrupción, y, ya cansa, aburre. Cansados de defender sin atacar, a quien insulta a España y a sus símbolos. Cansados de dar cariño y comprensión. Cansados de dar cheques a quien nos agrede. Y por eso, debemos de dejar que los catalanes, en las urnas, elijan el rumbo a tomar, el camino que les interese. Si no, pues que se apañen. Y como decía mi abuela: “a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.

Yo ya estoy hasta las narices de la misma cantinela, día tras día.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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