El cura, el médico, el maestro, el alcalde

El cura, el médico, el maestro, el alcalde.El cura, el médico, el maestro, el alcalde.

Símbolos son de nuestra España, sobre todo en el ámbito local. No había pueblo que se preciara que no contara con estas figuras que tan entrañablemente están reflejadas por el cine español en blanco y negro.

Como vamos a olvidar los estratos sociales tan bien definidos en los que se movían los ciudadanos de nuestra sociedad, sobre todo en el ámbito rural. Estratos definidos por quienes poseían  el conocimiento y exhibían distintos poderes: el cura, el médico, el maestro y el alcalde.

El cura, siempre rodeado y atendido por los devotos que se ocupaban- entre otras labores-, de su atención personal en la que se llamaba vulgarmente “la casa del cura”. No olvidemos tampoco la figura del monaguillo para las ayudas en las misas, la limpieza de la iglesia, el campanero…además de tener asegurado el lleno en todos los actos litúrgicos. Si duda, un personaje entrañable  y querido, aquél cura rural del siglo pasado.

El médico, otro personaje imprescindible en el retrato rural. Médico por vocación, casi siempre de vuelta de una gran ciudad, a la que se marchó en sus años mozos con el sacrificio de la familia a estudiar lo que más le gustaba. Siempre atento y dispuesto a paliar los dolores y enfermedades a sus vecinos, sin horarios, sin ambiciones desmedidas y trayendo al mundo a nuevos vecinos y llorando en las despedidas de otros.

El maestro, sin duda querido personaje, más vocacional que ninguno y, que a su costa, se enriqueció el refranero español. El más conocido” como el maestro “ciruela”, que no sabe leer y pone escuela”, abre un sinfín de ellos, aumentada su leyenda con la comparativa “pasas más hambre que un maestro de escuela”. De poco ganar, mucha paciencia, respetado y temido por los niños, admirado y valorado cuando esos niños se convertían en adultos y comprendían el esfuerzo y dedicación diaria de ese “Don Ricardo”, que casi todos tuvimos.

El alcalde, otro de los miembros imprescindibles en el retrato rural, cuando la alcaldía era para quienes más carisma, amigos y dinero tenían. Rodeado siempre por tipos cortados por el mismo patrón: bien vestidos, chalecos de dos tallas menos y con botones cosidos a prueba de reventones. Siempre con el buzón de los ruegos abierto y sin horario para sus amigos.

Todos estos personajes entrañables e imprescindibles en el retrato nacional del siglo pasado, han ido evolucionando en la medida en que la sociedad lo hacía.

 El cura cobra un sueldo y le cuesta trabajo encontrar quienes de modo altruista colaboren en los servicios de misa y demás labores.

El médico ya no recorre en bicicleta los kilómetros necesarios para atender a un paciente. Su vocación tampoco le hace alegrarse con la familia en un parto, ni llora en las pérdidas. Tiene demasiado trabajo, y algunos demasiados trabajos. Su profesión, ha evolucionado con la sociedad.

El maestro, ya no pasa hambre, porque ya no es el referente del profesional por vocación. Su sueldo ha aumentado, disfruta de largas vacaciones, puentes, status social y su avance social ha sido importante desde el siglo pasado. Tanto, que en algunas comunidades lo utilizan- o quieren utilizar-para, en vez de enseñar, adoctrinar. Tiene en sus manos el futuro de las nuevas generaciones que no es otro que el futuro del país

El alcalde, es el único personaje de la postal, que no ha evolucionado. Sigue rodeado de personajes bien vestidos, ahora sin chalecos de dos tallas menos ni con botones cosidos a prueba de reventones, porque la moda ha cambiado: se suprime el chaleco y se aumenta el tallaje. Sigue siempre  con el buzón de los ruegos abierto y sin horarios  para sus amigos, además de creerse que la Casa Consistorial, es su casa y el pueblo, su finca particular.

El alcalde del Pedroso, en Sevilla es una muestra evidente del retraso que llevan estos cargos respecto a la evolución social. Se piensan que, después de varias legislaturas se han vuelto impunes a las consecuencias de actos contarios a ley. El trato a un policía municipal obligándole a lavar su coche, vejándole o retirándole el arma se puede retrotraer al siglo pasado, cuando el cortijo era del señorito y el alcalde su mandado. Claro, que eso tampoco ha cambiado.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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