Dos horas de hablar por hablar

hablar por hablarHablar por hablar

No puedo evitar la necesidad de evacuar el sentimiento de frustración que tengo  desde hace algún tiempo y que desde ayer, desde el  debate “a cuatro”, desde ese espectáculo  parido por  fabricantes de corsés, desde esa imagen que han dado los primeros espadas de nuestros principales partidos políticos al oírlos  hablar por hablar, aumentó.

Las expectativas venían acompañadas desde el principio por una de las leyes achacada a Murphy:”No siempre se encuentra lo que se va buscando”. Y ayer, quienes íbamos buscando ilusión, esperanza y algo que no supiéramos, apenas llegada la primera parte del debate dudábamos entre seguir esperando ese “momento especial” o simplemente seguir la llamada de nuestro reloj biológico e irnos a la cama.

Observando a Pedro Sánchez no se podía evitar ese pensamiento tóxico al recordar lo cercanos que están esos cuatro años en que España estuvo  al borde del precipicio por culpa –también–, del propio Partido Socialista y su forma de gobernar. Por ello, cuando habla de propuestas, de lo fácil  que resultaría poner todo en orden en este país, de lo mal que lo está haciendo el Gobierno actual, no puedo evitar un retorcijón de vísceras. Hablar por hablar, como si fuese un recién llegado de la Universidad empapado de doctrina, simplemente no cuela porque, ni él es nuevo, ni la doctrina es de estos tiempos. En líneas generales, los socialistas han debido echar mucho de menos en este debate al antiguo Felipe Gonzales.

A su izquierda  –ubicación natural–, se encontraba un Pablo Iglesias sonriente porque “intuye y sospecha que va a ganar”, a pesar de las encuestas y, de lo que es peor:  su falta de capacidad de maniobra ante los problemas reales de la Sociedad –con mayúsculas–, porque ese líder de Podemos aún no se ha enterado que la sociedad española está compuesta por alguien más que  los perroflautas  y okupas. Que en la sociedad, también estamos esos trabajadores a los que nos cuesta mucho trabajo llevar el pan a casa, pagar la hipoteca y las facturas, muchas veces en un entorno laboral que nos es hostil o inadecuado a nuestra formación, pero que nos permite ganarnos las habichuelas aportando socialmente, –no” poniendo el cazo”– y ayudando a los demás a través de nuestros impuestos.

A su izquierda, un  Albert Rivera eufórico que  cree lo que dicen las encuestas y se ve sentado en La Moncloa donde –por cierto–, es buen lugar para resolver los problemas catalanes y acabar con los Pujol y compañía ya que desde Cataluña no pudo, tampoco aportó nada nuevo. Su “momento estelar “lo tuvo ante Soraya Sáenz de Santamaría ante una afirmación de ésta sobre las garantías que la enseñanza del castellano tiene en Cataluña, al insinuar que “ Más debe de estar riendo desde casa…”. Es evidente, la Vicepresidenta del Gobierno de España no está enterada de lo que se “guisa por estos lares”, o mejor, está enterada pero la solución pasa por enfrentamientos a evitar en la medida de lo posible. Por lo demás, Albert Ribera aporta ideas pero de las que necesitan hacerse en mucho tiempo si no queremos vivir en el caos durante años, el tiempo que tardan en encajar cambios drásticos. Un buen ejemplo, la educación.

La Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ocupando el puesto reservado para Rajoy, se defendió como pudo del talón de Aquiles que tiene el PP: la corrupción. No es que los demás estén libres de pecado, porque los personajes que aterrizan en política para buscarse un porvenir pululan por todos lados buscando huecos, no ideales. Pero eso no evita el reconocer que han fallado a la hora de poner fin al expolio y que faltó mano firme.

Como también al PP le faltó mano firme a la hora de manejar el problema de Cataluña, aunque “el tempo” utilizado por Mas para lanzarse al precipicio ha dado alas y un balón de oxigeno al Gobierno.

Por otra parte, se veía la “desesperación” de la Vicepresidenta a la hora de tratar de hacer comprender a los demás –incluidos todos los ciudadanos–, el esfuerzo hecho a nivel económico para evitar la debacle a la que estábamos abocados por un Presidente que soñaba con Alianzas de Civilizaciones y con un bienestar social imposible, ya que las arcas tienen fondo y quienes aportamos, límites. Por lo demás, discurso lleno de soflamas conocidas y enarbolando la bandera a todas luces insuficiente:”Vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

En reglas generales,después de ver a los representantes de los partidos políticos más relevantes hablar por hablar, nos quedamos igual que estábamos: navegando en un mar de dudas, al menos quienes no profesan una ideología mal entendida o perturbadora que impida ver más allá.

Si con este espectáculo esperaban que los indecisos o los desencantados tomasen partido –nunca mejor dicho–, creo que fracasaron, porque el ganador del debate no se presenta a las próximas elecciones: Atresmedia

Hablar por hablar, mejor callados.

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