La democracia, la voz del pueblo, y el cansancio

La democracia, la voz del pueblo, y el cansancioLa democracia-la voz del pueblo-el cansancio

En la cuna de la Democracia, allá por el siglo V a.C., se elegía a los  cargos públicos través del método de designación. Era la forma de evitar la corrupción y la compra de votos, además de dar oportunidad a todos los ciudadanos de gobernar y ser gobernados.

El trabajo se hacía en equipo al fin de cubrir entre todos las limitaciones técnicas de algún designado: los que sabían, se ocupaban de enseñar la manera correcta de hacer las cosas, y los demás, de aprender.

Aproximadamente, un 10%   de los cargos se elegían  por votación: eran los encargados de las finanzas, que como requisito ineludible debían de poseer riquezas, ya que cualquier tipo de derroche o latrocinio se recuperaba de su patrimonio.

Dos mil quinientos años después, la evolución y la masificación nos han llevado al lado oscuro de la Democracia, ese que nos hace ver que ningún sistema ideado por el ser humano para organizar y dirigir al resto de seres humanos, es perfecto.

El paso del modelo de democracia directa al sistema de democracia representativa, por la imposibilidad de asumirla en el sistema de vida actual, nos ha hecho depositar nuestro presente y nuestro futuro en manos de representantes elegidos por nosotros de entre un grupo que se dedica a la política de manera profesional, como medio de ganarse la vida.

Pero no nos engañemos. Aunque todo español con la “cualidad de elector”, puede presentarse como elegible a las elecciones-salvo estando inmersos en alguna causa que lo imposibilite-, el sistema de partidos crea una tela de araña imposible de atravesar para quien no forme parte del grupo de los escogidos. Al final, siempre votamos a unas siglas con candidatos eternos.

Cuando los partidos, se convierten en grupos que planean estrategias dirigidas a conseguir votos y acceder al poder, es fácil que a la hora de la verdad no cumplan con lo prometido. En ese momento aparece la desilusión de los electores y perdemos toda la confianza en los políticos y en la política.

Si esto se alarga en el tiempo, surgen líderes que clamando contra la corrupción y el sistema establecido, vuelven a prometer la solución de todos los problemas, y la voz del pueblo habla, y en su desesperanza los vota. Si son demagogos con ansias de poder, como ocurrió en Europa en 1932 o como en algunos países de América Latina está ocurriendo, estamos perdidos. Y cuando el pueblo les da el poder a través de los votos, cuando se da cuenta del error, es demasiado tarde: el dicho vox populi, vox Dei (la voz del pueblo es la voz de Dios), a veces yerra.

La Constitución Española, nos dice que la soberanía reside en el pueblo (artículo 1.2), pero a veces el Gobierno, independientemente del color, se vuelca en intereses que no son los del pueblo. Y del pueblo, a veces, se apodera el cansancio.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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