La experiencia, residuos de vivir

la experienciaLa experiencia

Llega un punto en la vida que dejas de sorprenderte por ciertas actitudes y asumes que la diversidad de pensamientos y actuaciones ante hechos similares, no son sino parte de la naturaleza humana y de las individualidades de cada persona.

Piensas que, con los años, las experiencias son sinónimo de conocimientos y que no cometerás errores que en otros tiempos pudiste cometer. Pero no es cierto; las experiencias tan solo son los residuos que los años te originan, residuos de vivir.

Puede que la experiencia al dictarte la forma de  acometer distintos retos planteados desde distintas perspectivas, sea lo que te lleva a cometer errores nuevos e impensables en distintos tramos de edad y conocimientos.

Por ello, pensar en  convertir la  vida  en un plano sin sobresaltos, en un remanso de paz y  vivir manejando la vida  desde tu asiento y con las riendas templadas, eso, amigo mío, es de ilusos. Si te decías a ti mismo que te merecías un poco de reposo porque de tragos amargos habías agotado el cupo, alguien llegará y te dará “barril, galón, cuarto y pinta”.

Escribía el dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca, allá por el siglo XVII:

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Y el deseo de soñar tranquilidad se tornará duermevela dándote cuenta que la felicidad cual la soñamos, se encuentra siempre en conflicto con esa felicidad efímera y vacía, con una felicidad de alas de cera tan bellas como inútiles y que solo aletean sin poder volar.

Por qué luchar, te dices, si no sabes cómo ni contra quien hacerlo. Entonces, la experiencia prevalece y la dejas opinar incluso por delante del instinto dejándote seducir. Ahí es cuando te das cuenta de que todo lo que habías oído contar sobre las bondades de la experiencia, producto de lección aprendida, no son sino valores tóxicos, residuos de vivir.

Por eso no importan las vivencias, las experiencias, ni la actitud hacia la vida, porque siempre surgirá alguien o algo que te sacará de ese plano horizontal sin sobresaltos, de ese remanso de paz, con la excusa de que la vida “sin sacudidas “es aburrida.

Pues yo, cansado de perseguir la felicidad soñada, cansado de entregas inútiles, cansado de tantas sacudidas, he tenido que  poner el cartel de “cerrado por derribo”

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