La necesidad, cada vez más acuciante

la necesidad

Hay muchos y modernos métodos de enseñanza, pero desde hace mucho tiempo existen las fábulas, las parábolas y los cuentos para transmitir enseñanzas  y valores de generación en generación.

Las fábulas suelen ser historias cortas que daban vida a cualquier objeto y acaban en moraleja. Las parábolas nos introducen en un dilema moral en el que el camino a tomar suele ser el que acaba con una lección. Los cuentos, en cambio, suelen ser una fuente de sabiduría que además enseña haciéndonos vivir una aventura.

Uno de los cuentos de postguerra, de esos que eran fuente de enseñanza de generaciones demasiado ocupadas con ganarse el pan para alimentar a la familia, cuando encontrar un puesto de trabajo no era problema aunque los problemas eran otros, es el cuento de la necesidad. Este cuento nos enseña algo tan elemental como hacer frente a los problemas cuando nos llegan y creemos que la solución no es factible.

En los tiempos que corren, no venía anda mal que algunos de los mandatarios que tenemos llamaran a la necesidad, a ver si se resolvían asuntos que se están enquistando y empezando a necrosar.

Cuento de “la necesidad”

Un molinero junto a su hijo -un muchacho-, eran los encargados de moler el trigo de la comarca, por lo que después de la molienda debían entregar la harina correspondiente a cada vecino.

Un día, después de llevar a su hijo de acompañante durante un tiempo en el reparto de la harina, le dijo al muchacho, que el próximo pedido se encargaría él solo de repartirlo. El hijo, asustado por la responsabilidad, le preguntó al padre:

-Padre, no sé si estoy preparado para hacer el encargo yo solo. Y si tengo algún problema ¿qué hago?

-No te preocupes -contestó él padre – Si tienes algún problema, llamas a la necesidad. Ella te ayudará a resolver cualquier problema que se presente.

Así que con las palabras de su padre rondándole en la cabeza, el zagal se acostó a descansar.

Al día siguiente, al amanecer, cargaron el borrico con los sacos de harina, y el padre tras recordarle el consejo, le despidió orgulloso. El hijo se fue con su encargo, y después de un largo trecho el calor empezó a apretar. El borrico cansado y sudoroso vió un charco de polvo y pensó:

-¡Bonito charco para darme un revolcón en este rico polvo!

Pues dicho y hecho. El burro se tumbó y se pegó un buen revolcón. Pero a la hora de levantarse, no podía hacerlo debido al peso de la carga que llevaba encima. El muchacho, asustado y tembloroso, intentaba ayudar al burro a levantarse, pero todos los esfuerzos fueron inútiles.

Entonces el muchacho ya a punto de llorar, tembloroso y cansado, se acordó de las palabras de su padre y desesperado empezó a llamar a la necesidad.

– ¡Necesidad! ¡Necesidad!

Esperó un largo rato mientras miraba en todas direcciones y, al ver que nadie venía volvió a intentarlo, esta vez más fuerte, por si la necesidad no lo había oído:

– ¡Necesidad! ¡Necesidad!

Siguió esperando y nada. Allí no acudía nadie, como su padre había dicho que ocurriría. Así, que desató la carga ya que su peso  era quien impedía que el burro se pudiese levantar. Una vez se hubo levantado el burro, volvió a cargarlo y sin más incidencias pudo realizar el encargo encomendado en el pueblo de al lado.

Una vez finalizado el encargo y a  la vuelta en el molino, su padre le preguntó sobre los pormenores del viaje, a lo que su hijo le contó la incidencia del  burro en aquel charco de polvo y  como, después de haber seguido las indicaciones recibidas y haber llamado a la necesidad, no apareció nadie.

 -Y si llamaste a la necesidad y dices que no apareció ¿qué hiciste entonces?– preguntó el padre.

El hijo entonces, le contó cómo soltó la pesada carga  que impedía al burro levantarse y como, una vez en pie, volvió a cargarlo y seguir viaje hasta cumplir el encargo.

 -¡Pues esa!-, hijo, – ¡esa es la necesidad! Una vez analizado el problema, ponerle el remedio adecuado y continuar adelante…

Pues eso es lo que les pasa a nuestros políticos. Enumeran  los problemas que ya conocemos, pero no llaman a la necesidad para ponerles remedio y seguimos igual.

Quizás es que ellos no tienen necesidad

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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