Los lugares de trabajo felices

Lugares de trabajo felicesLos lugares de trabajo felices ¿Lujo o necesidad?

Cualquier cosa que cambia la forma en que sentimos emocionalmente puede tener un impacto en nuestra salud física también, de acuerdo a la ciencia de la psiconeuroinmunología.

Hay tres sistemas principales del cuerpo que están involucrados en el mantenimiento de la salud: el sistema nervioso, el sistema hormonal (endocrino) y el sistema inmunológico. Estos son en un triángulo de la comunicación, cada interacción con los otros. Cualquier cosa que afecta a uno de sistema puede afectar a los otros dos.

“El cuerpo tiene todos estos sistemas a prueba de fallos en el lugar para mantenerse saludable”, dice Michael Lumpkin, catedrático de Bioquímica y Biología Celular y Molecular de la Universidad de Georgetown, EE.UU.. “Todo lo que necesitas hacer es proporcionar un ambiente de curación y el cuerpo suele hacer el resto.”

¿Cómo los edificios en los que trabajamos nos afectan emocionalmente y físicamente?

Lumpkin explica el efecto de los ambientes a través de su efecto calmante de curación en el sistema nervioso central, donde el ruido, los colores brillantes y amenazantes cómo el rojo o el naranja brillante o los olores nocivos forman parte de ese elenco de información sensorial negativa que activará la hormona del estrés. El cambio de ambientes estresantes por lugares de trabajo felices donde imperen los calmantes colores naturales, paisajes y sonidos ayudan a calmar el sistema nervioso.

 ¿Qué hacer para el estrés de nuestros cuerpos?

El estrés es detectado por nuestro sistema nervioso, que se comunica con nuestro sistema hormonal para aumentar las hormonas del estrés, como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina (epinefrina). Estas hormonas activan órganos y tejidos, incluyendo los pulmones, el corazón y los músculos esqueléticos hasta conseguir que estén listos para luchar o huir de la amenaza inmediata, ya sea física o psicológica.

Al mismo tiempo, estas hormonas del estrés suprimen sistemas en el cuerpo que no son inmediatamente necesarios para luchar o huir. Estos “no esenciales” incluyen las hormonas sexuales, hormonas de crecimiento, hormonas tiroideas y también el sistema inmunológico. Siempre que estamos estresados ​​está en peligro nuestro sistema inmunológico.

Aunque esto funciona muy bien en el corto plazo, la conservación de la energía  que nos permite reaccionar ante un peligro inmediato, no es buena para nosotros en respuesta al estrés crónico. Se pone en marcha toda una cascada de eventos, dice Lumpkin, que puede llegar a ser perjudicial.

Uno de estos eventos es la respuesta inmune inflamatoria. Dr. Andrea Danese, profesor titular Clínica en el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia, del Kings College de Londres, ha pasado años investigando cómo se eleva esta respuesta en adultos sobrevivientes de algún tipo  de  trauma infantil.

Los adultos con experiencias adversas en la infancia tenían mayores niveles de los biomarcadores inflamatorios de sangre que indican la activación del sistema inmune. Esta respuesta inmune es vital para el cuerpo para combatir la enfermedad en el corto plazo, pero su presencia a más largo plazo es perjudicial.”Se ha asociado con varias enfermedades crónicas, relacionadas con la edad”, dice Danese: las enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, algunos tipos de cáncer, y probablemente la demencia tipo.

El estrés crónico puede ocurrir a cualquier edad. Las personas cuyos puestos de trabajo todos los días acumulan presión son especialmente vulnerables: soldados de combate, bomberos, los controladores aéreos, policías, personal de emergencias, etc. En cambio, quienes disfrutan de lugares de trabajo armónicos ven su salud beneficiada.

Asimismo Lumpkin ha estudiado el efecto de proporcionar formación a los estudiantes de medicina en gestión del estrés. Después de 11 semanas, los estudiantes que tenían esta formación (que incluía la meditación, la relajación y otras técnicas de afrontamiento) tenían niveles más bajos de la hormona del estrés cortisol que sus colegas que no habían tenido la formación, cuya cortisol fue subiendo y subiendo.

Pero Lumpkin señala que crónicamente ambientes estresantes pueden ocurrir en cualquier lugar, incluso en cualquier oficina de planta abierta: “Ustedes no tienen privacidad, usted no tiene tiempo para sentarse y analizar un problema”. La solución pasa por hacer “lugares de trabajo felices donde las  oficinas hayan sido diseñadas para mejorar la calidad de vida y la salud de los trabajadores.

Entonces ¿Qué podemos hacer? Si los epidemiólogos nos dicen que el ochenta o noventa por ciento de las enfermedades humanas tienen como detonante el estrés, su manejo y control debería de ser tomado en cuenta dándole la importancia que se merece al entorno del trabajo como una parte importante de la salud pública.

Si somos realistas nos daremos cuenta que la mayor parte de las horas de vigilia las pasamos trabajando. Es por ello que los lugares felices de trabajo no deben de ser algo excepcional ni desagraciadamente utópico, sino algo tan real y necesario como los espacios libres de humo.

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