Mala conexión en mi cabeza

En todas las cosas existen nexos de unión, conexiones que en ocasiones prolongan y en otras complementan.

Los errores se suceden a menudo aunque en ocasiones pasan desapercibidos: un electricista hace una mala conexión y con un chispazo y un automático disparado, fin de la historia y error amortizado.

Mas complejo es el error de aquellos responsables de la construcción de un túnel que acometieron por ambas cabezas y nunca se encontraron. Aquí también saltaron chispas, pero en los despachos.

Pero el “sumun” de las conexiones es ese trasplante de cabeza que está previsto en pocas fechas. Ahí, no hay lugar a errores porque en ese caso los chispazos serían cerebrales y ¡ lo que nos faltaba!. Como si no se nos cruzaran las neuronas sin necesidad de experimentos nuevos que van en contra de la naturaleza, al menos en la que los seres humanos tenemos algo que decir.

La noticia del trasplante de cabeza en cuestión, me trae de cabeza de tal modo que tengo pesadillas en las que soy protagonista. El caso es que se superen, que no lo tengo claro…

Mala conexión

Me desperté y enseguida supe que algo no iba bien: en lugar de pestañear, el dedo índice y corazón se recogían y estiraban. Al tratar de rascarme la oreja, mi pierna se alzó en un ángulo de 45º sobre la cama. Traté de incorporarme en la cama y en vez de conseguirlo, mis párpados se abrían y cerraban. Intento coger el vaso de agua para aliviar la sed y me encuentro con el dedo gordo del pie en mi nariz. Intento orinar y noto que las babas me resbalan por las comisuras de la boca. Intento gritar y el sonido que emito es el del ventoseo. Intento echar a correr y se suelta mi esfínter. Quiero morirme y me sale una risa tonta.

Y mientras mi cuerpo está en plena descoordinación con mi cabeza, acierto a ver con mis orejas a un grupo de doctores debatiendo sobre los riesgos que conllevan los trasplantes de cabeza.

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