No es lo que parece

No es lo que pareceNo es lo que parece

Cuando Eva se comió una simple y hermosa manzana, no era lo que parecía. Al menos en su totalidad: era manzana, hermosa, pero no era simple. Tenía tanta complejidad, que ese acto de la primera mujer cambió el rumbo del mundo y de sus habitantes “por siempre jamás”.

Mucho después de este acontecimiento histórico, cuando los romanos vieron asombrados y temerosos que el océano  engullía al sol, creyeron que partir de ahí comenzaba un mundo desconocido, y no era lo que parecía: más allá, en el “Mare Tenebrosum” no terminaba la tierra ni existían bestias que devoraban a los atrevidos. Tan solo se encontraban en el punto más occidental de Europa.

La mujer, hembra de la especie humana, casi nunca ha estado presente como protagonista de acontecimientos relevantes en la historia del mundo en general. Incluso Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia, decía de ella que era “un hombre incompleto, sin terminar. Un ser débil, al que había que proteger y cuidar”. Y efectivamente, nada más lejos de la realidad. Aristóteles se equivocó en su juicio, porque, como le pasó a Eva con la manzana o a los romanos con Finisterre, las cosas no son lo que parecen. La hembra de la especie humana siempre ha tenido más fortaleza y sabiduría que el macho, incluso en la llamada “fuerza bruta”, porque con su sabiduría logra que utilicemos nuestra “fuerza bruta “en su beneficio sin ningún tipo de desgaste físico por su parte.

Pero si Aquiles en su fortaleza tenía un talón como punto flaco o Sansón una cabellera que le resultaría fatídica, la hembra de nuestra especie también tiene un enemigo natural que la destruye irremediablemente; un enemigo con el que se cruza mil veces cada día, suele vivir en su entorno y ataca habitualmente de manera silenciosa: otra hembra de su misma especie.

Como ejemplo práctico, véanse los últimos acontecimientos acaecidos en el Elíseo, por segunda vez consecutiva: Cècilia Attias – Carla Bruni/ Valérie Trierweiler – Julie Gayet, donde  una mujer impide a otra ocupar el puesto de Primera Dama, puesto no-oficial, pero con despacho en el Elíseo y privilegios.

Y como suele ocurrir en enfrentamientos de ésta índole, en este último caso ha habido una víctima (macho) “inocente”: François Hollande, vértice del trío amoroso que disgustado por el enfrentamiento de dos damas por “sus huesos”, ha decidido con criterio salomónico, ya que no puede haber dos Primeras Damas cohabitando en el Elíseo, sacrificarse y quedarse sin ninguna. ¿O no es lo que parece?

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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