Mi princesa

Renuncio a mi princesa

Mi princesa¿Por qué renuncio a mi princesa?

Si, como lo oyes; renuncio a mi princesa, a la princesa de mis fantasías de adolescente, esa que me acompañaba en todos mis sueños y aventuras después de un juramento de amor eterno.

¿Cómo he llegado a arrojar la toalla? ¡Muy fácil! Yendo de decepción en decepción.

¡Bah!, no será para tanto, dirán algunos. Pues sí que es para tanto, y quizás para más, así que me rindo.

La primera gran decepción “Real”, fue el enterarme que los Reyes Magos no vienen de Oriente, sino de la tienda de juguetes de Ricardo, el de la esquina. De esa tienda que tiene un escaparate grande, en el que dejábamos las huellas de nuestras narices al pegarnos tanto al cristal al escoger los juguetes a pedir entre los expuestos, incluso anotando la marca del fabricante para que el Príncipe Aliatar, el mensajero de los Reyes Magos, hiciese el encargo sin errores.

Fue duro, pero no había hecho más que empezar una carrera hacia un conjunto de decepciones, aunque yo entonces no lo sabía…

Ya cuando superé el mal trago y perdoné a Ricardo -él no tenía la culpa-, acompañé al Capitán Trueno en sus andanzas por la Edad Media, acompañado siempre por Goliat y Crispín. Pero entonces, poco a poco, casi sin darme cuenta, empecé a estar más pendiente de Sigrid, la novia del Capitán y Princesa de la isla de Thule. Pero de la misma manera que me fijé en ella, hube de abandonar toda esperanza de conquista: el dinero de la paga semanal no me llegaba para comprar el TBO todas las semanas y estar pendiente de ella el tiempo que se merecía.

Otro golpe doloroso, donde empecé a darme cuenta muy pronto, con apenas doce años, que el dinero y el nivel adquisitivo en un momento dado marcan el destino de un niño. Más tarde me daría cuenta, de que también marcan el destino de los hombres.

A partir de esta etapa se fue operando un cambio importante,y supe que no debía de buscar a mi princesa en los TBO de aventuras, sino en el mundo real.

Y fue entonces cuando apareció deslumbrante Carolina de Mónaco, esa Princesa que nos tenía a todos los adolescentes babeando, supongo que producto de una reacción por la unión de tres elementos: belleza, hormonas…y un castillo en un lugar que antaño fue refugio de piratas.

Por eso, cuando apareció en su vida  Stefano Casiraghi   me quedé con un palmo de narices y sin ninguna posibilidad de ser escogido ¿Que habrá visto Carolina en él, que no tenga yo?, me pregunté noche tras noche…durante unos días -pocos -, porque ya me iba endureciendo.

Así que dejé de buscar a mi princesa en el reino de otros y me centré en el mío. Pero las princesas de mi reino ya no son princesas de cuento; su sangre no es azul sino roja y por sus venas no circulan reminiscencias reales, sino células y componentes extracelulares, como a “todo quisqui”.

Descubrí dolorosamente que las princesas de mi reino no comen manzanas envenenadas, sino que te las dan a comer a ti; no besan ranas para romper el hechizo que lanzó la bruja, sino que huyen del bicho. Por eso he dejado de perseguir quimeras: porque he agotado el cupo de desencantos y he dejado de creer que existen.

¡Ya sé que yo tampoco tengo sangre real! y que si hubiese encontrado a la princesa de mi vida quizás no hubiese podido convertirla en reina, -cómo Felipe ha hecho con Leticia-, sino en reina del país de Nunca Jamás.

He vivido durante mucho tiempo con  ilusiones. Y cómo dicen por ahí: “De ilusiones vive el tonto de los…”

Y ese, hasta ahora era yo.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

2 comentarios en “Renuncio a mi princesa

  1. Difícilmente se puede “vivir “de ilusiones porque , ellas ( digo la ilusiones…no empecemos) no compran el maravilloso pan que nos comemos todos los días, no obstante, y dejando correr esa ilusión de la que hablas….se me ocurre que…… tengo pánico a vivir sin una princesa a cambio de tener cerca a la mujer de un presidente de república y que su marido “VOLVIERA” a llamarse Zapatero o Aznar.

    Aunque lo hubiéramos elegido nosotros….., es decir, sin princesa o reina que lo observara.

    Ilusiones, si gracias, para, por y con los niños.

    1. Hola Valle; el problema al que me refiero es precisamente que las princesas, venían de cuna, preparadas y con sangre Real y todo lo que ello representa; las princesas de cuento, esas que eran amadas por el pueblo y luchaban por la justicia al lado de su amado…entonces.
      Ahora, las princesas ya no tienen sangre Real, han cambiado el glamour por la chulería y ya no son amadas por “el pueblo”, ese pueblo que es capaz de tomar como referencia de “princesa del pueblo” a una Belen Esteban.

      Algo no funciona

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *