S.O.S .España, por Inés Arrimadas

S.O.S .España, por Inés Arrimadas

España

Hoy he leído el artículo de Inés Arrimadas en Libertad Digital, donde trata de explicar el sentimiento de los catalanes que se sienten españoles y las diferencias con los sentimientos de quienes dicen ser catalanes…y punto. Dura tarea, Diputada.

Dura tarea, digo, porque las voces y el ruido de quienes claman por la independencia, de quienes gritan que “España les roba y les oprime o  les coartan libertad”, tienen más decibelios y más medios de transmisión de ideas, que el resto de catalanes, posiblemente mayoría. Hecho que demuestra que no está triunfando la razón, sino quien más grita.

Llevo desde hace dos años viviendo en Barcelona trasladado por motivos laborales, y doy fe de que el análisis que hace de las necesidades del pueblo catalán en su mayoría, son acertadas y reales: trabajar, salir adelante pagando sus facturas y ver crecer a sus hijos, son las máximas prioridades como en cualquier lugar de España. Pero sin embargo, cuando sale a colación el tema del independentismo, la mayoría “no sabe, no contesta”. Vamos, que les importa un bledo lo que hacen sus políticos, porque el “independentismo individual” ya se ha instaurado. Y si ese sentimiento de “y yo que sé”, está entre los ciudadanos catalanes, imagínese entre los asturianos, mi tierra, o entre el resto de españoles.

Nadie quiere que los farmacéuticos, los autónomos, o las empresas auxiliares que viven de los servicios que prestan a la administración, no cobren; ni en Cataluña, ni en Andalucía ni en ninguna otra Comunidad ni Ayuntamiento. Sin embargo, nadie hace nada. En Andalucía se roba a manos llenas, y en Cataluña se despilfarra el dinero para pagar facturas abriendo embajadas inútiles, viajes promocionales estériles, y España paga las facturas. Por tanto, lo que queremos, lo que exigimos, es que el dinero se utilice con las  prioridades que marca el sentido común y las normas establecidas. Lo malo es que se abre embajada en Nueva York, pero no se paga a la pequeña empresa que arregló las aceras. Se recorta en sanidad a pesar del dinero que abonan nuestras empresas y nosotros mismos, pero no se eliminan duplicidades, ni viajes…

Desde España se apoya a Cataluña, como parte que es de nuestro territorio. A los catalanes como ciudadanos españoles que son. Se aborrece a los políticos que salen por la televisión hablando un lenguaje ininteligible, en el que se adivina el odio hacia todo lo que lleva como adjetivo “español”: toros, o “fiesta nacional”, AVE, o “alta velocidad española”, trenes de cercanías, prontamente rotulados como “rodalíes”; o simplemente el castellano o “español”.

Tampoco se soporta el desgaste de energías que Vds., los políticos catalanes hacen sobre todos estos temas de independentismo, cuando se ven las obras paradas, como las de La Sagrera en Barcelona, porque no hay dinero. Los polígonos industriales, antiguas banderas de producción, expansión y riqueza semi abandonados. Si se canalizaran las energías a crear en vez de destruir, “otro gallo cantaría”.

C´S está haciendo una gran labor, adivinándose una isla emergente hacia la que se pueden dirigir los que no quieran ser absorbidos y contaminados por quienes buscan en la independencia de Cataluña, la conversión de un territorio español en el país de “Mordor”.

Quienes ansían la independencia, están entretenidos en pedir y lamentarse en una película sin fin que nos tiene sumidos en un gran hastío. Si quieren atraer a los ciudadanos hacia sus puntos de vista, trabajen en crear empleo, bienestar social- entre otras cosas-, quitando la sangría de peajes en sus autovías que hacen que desplazarse en Cataluña de un lugar a otro sea un coste a veces inasumible, a pesar del gran numero de infraestructuras y, verán quienes no dejan de mirar su ombligo, que al levantar la vista estarán solos, mientras que los catalanes y los españoles, todos, haremos bueno el hecho de que “la unión hace la fuerza”.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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