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Ciclistas en la ciudad: salud a través del riesgo

Ciclistas en la ciudadComo otros tantos ciclistas en la ciudad, Ann se dirigía a su trabajo disfrutando del aire de la mañana en la cara. Todo iba bien hasta que un conductor se saltó una luz roja, giró a la derecha y se dirigió directamente hacia Ann. El autobús golpeó la bicicleta de la trabajadora social, atrapándola debajo y aplastando su pie izquierdo. Resultado: todos los huesos de su pie destrozados y un dolor insoportable.

Tras varias semanas de hospitalización, parte del pie de Ann fue amputado. El resto, recompuesto internamente con alambres y cubriciones con injertos tomados de su muslo como reemplazo de su carne desgarrada y desaparecida. “Soy muy afortunada” –decía Ann-.  “La mayor parte de la gente perece cuando esto sucede”.

Está claro que los beneficios para la salud a través del ciclismo son significativos, por tanto en este punto no hay razón para dudar que los riesgos para la salud superan los beneficios: mejora de la salud física y mental, disminución de la obesidad, un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades…pero no podemos dejar de lado los factores que influyen en el riesgo de lesiones y muerte. Los ciclistas en la ciudad son vulnerables porque tienen que compartir demasiado a menudo las mismas infraestructuras con vehículos motorizados y sin embargo éstos carecen de protecciones físicas en caso de accidente: los cascos son efectivos en caso de impactos en la cabeza pero el resto del cuerpo está desprotegido.

El diseño, el papel de la política respecto a los ciclistas en la ciudad

Enfoques diferentes adoptados por las grandes ciudades de Europa ofrecen diferentes visiones en materia de seguridad así como su impacto en materia de salud pública. Para sopesar los riesgos y beneficios del uso de las bicicletas en la ciudad, solamente existe un camino: subirse en una de esas bicicletas.

Está demostrado que la seguridad de los ciclistas en la ciudad aumenta cuando el número de ciclistas aumenta: ciclismo más seguro alienta más el ciclismo, y cuantos más ciclistas mayor seguridad, ya que el comportamiento de los conductores contribuye a este fenómeno. En lugares como Copenhague donde cuatro de cada cinco conductores también son ciclistas están acostumbrados a compartir el espacio público con bicicletas. No podemos decir lo mismo de nuestras ciudades, donde una gran parte de los ciclistas no son conscientes del riesgo y piensan que el código de circulación solo atañe a quien maneja un vehículo a motor.

Aunque el efecto de diseño de las infraestructuras de seguridad para los ciclistas en la ciudad se estudió por primera vez hace más de cuatro décadas, la literatura sobre el tema sigue siendo escasa.

La evidencia sugiere que las instalaciones construidas –bicicleta única, rutas en bici, carriles para ciclistas, senderos para bicicletas, pistas para bicicletas en las rotondas-, reducen y en ocasiones eliminan los riesgos de accidentes y lesiones en comparación con el ciclismo en carretera. El alumbrado público, las pavimentaciones y otras series de actuaciones adicionales son factores que mejoran la seguridad del ciclista y de todos los usuarios en general, más allá incluso que las medidas adoptadas para la seguridad a nivel individual. Ello nos lleva a la afirmación de que la actuación de los políticos municipales respecto  a las mejoras de las infraestructuras, influye de manera muy directa en la mejora de la salud pública.

La polémica de los cascos

Ha habido voces que se alzaron como una sola cuando se intentó obligar el uso del casco a los ciclistas de las ciudades ¿se debe de obligar a los ciclistas de ciudad a llevar casco?

Existen cascos que protegen de las lesiones en la cabeza. Ellos pueden evitar cortes y contusiones en la cabeza, pero no son perfectos, ni mucho menos. Los diseños son ineficaces en la reducción de aceleración en la rotación –el movimiento jiggling del cerebro dentro del cráneo causante de la conmoción cerebral- y que investigadores de EE.UU, Austria y Francia ya están investigando.

Hay un punto de discordia respecto al uso obligatorio del casco para los ciclistas de ciudad, quizá por la imagen que puede dar de deporte de riesgo y que puede hacer que algunos usuarios potenciales declinen este medio de transporte. También, quizá, otro motivo pueda ser la incomodidad de tener que portar el casco una vez aparcada la bicicleta en el lugar de destino, inconveniente esgrimido por los motociclistas cuando se impuso la obligatoriedad y solventado con los portaequipajes. El caso es: ¿estos inconvenientes compensan el riesgo?

A pesar de que  las lesiones en algunos de los países europeos están por tasas bajas, la incertidumbre actual acerca de los beneficios e inconvenientes del uso del casco por los ciclistas de ciudad, es poco probable que las investigaciones tengan un peso importante, enredados como estamos en aspectos de cultura, psicología y política, algo que hace sumamente improbable que este polémico debate termine a corto plazo