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Yin-Yang y el Espíritu de la Contradicción

Yin-Yang
Yin-Yang

Conozco a bastante gente que suele decir que “pasa de política”. Yo mismo, durante un tiempo, entre amigos, solía actuar del mismo modo, saliendo del paso con la consabida frase de: “hablar de política con alguien”, es un acto inútil, porque hacerlo con quien no piensa como tú, ni el te va a convencer a ti ni tú a él; y si la conversación de política es con alguien que piensa como tú, suele ser aburrida de tanto darse la razón el uno al otro”.

No hay duda de que hay algo de cierto en lo que he comentado. Pero no es menos cierto, que en general pensamos así porque la deliberación en la calle entre amigos o familia, suele terminar en un “pataleo” inútil y nada constructivo. Pero, no nos pasa solo a nosotros que somos meros espectadores del circo político nacional, autonómico y local, sino, que también les pasa a quienes se supone que están ahí, porque los hemos “seleccionado”, entre la multitud de personas que se ponen a nuestra disposición y a nuestro servicio (nótese el sarcasmo).

En la política española hay dos lados, dos bandos, dos colores o dos definiciones cualesquiera, acompañados como comparsas por grupúsculos salidos de las escisiones de los dos colores mayoritarios. Y la relación entre esos dos colores mayoritarios, dos bandos o como se les quiera llamar, es penosa. Los pequeños grupos que pululan alrededor no dejan de ser escisiones de esos dos lados, que en cierto momento reclamaron su parcela de poder, y cuya aportación a la solución de conflictos nacionales, además de penosa es estéril.

El yin y el yang no son conceptos absolutos y solo pueden entenderse en mutua relación. Son un par de contrarios dinámicos, y gracias a la relación con el polo opuesto, se puede lograr un estado de equilibrio. Si el yin es oscuro, el yang es claro; si el yin es lento, el yang es rápido, si el yin es tierra, el yang es cielo; si el yin es ácido, el yang es dulce… y así sucesivamente. Pero siempre existen el yin y el yang, aunque se esté más cerca de uno que de otro. Y siempre hay equilibrio, aunque se cambie a lo largo de la vida, de estar más cerca del yin, a acercarse más al yang, o viceversa.

Sin embargo, aquí en España, cada día vemos a nuestros políticos lejos de la filosofía de equilibrio, y abrazados al “espíritu de la contradicción”, aún a costa de contradecirse ellos mismos de manifestaciones anteriores, perdiendo, no solo la percepción de la justicia y el equilibrio, sino a veces, llevándonos a la deriva sin vuelta atrás. Un “espíritu de contradicción”, empleado casi siempre en desechar cualquier proyecto que venga del lado opuesto, sin aportaciones positivas ni críticas constructivas; solo llevados por el afán de, los unos, no perder el sillón, y los otros, por recuperarlo. Manifestaciones opuestas como el yin y el yang, pero desequilibradas y negativas.

De verdad, estoy convencido de que no nos merecemos este circo. Aunque para ser sincero, si los chinos llevan seis mil años cultivando el arte de la armonía, nuestra cosecha, está en consonancia con lo que sembramos.