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Ilusión y Espejismos: Nada es Lo Que Parece

Ilusión y Espejismos

Nos decía  don Miguel de Unamuno que enseñar  era, a su juicio, “un acto contra natura” y que el aprender por s,i era un acto normal y digno del hombre.

Ilusion y Espejismos

Nada es lo que parece y por eso nos aferramos a lo que queremos ver, produciéndose el efecto de espejismo y al que nos aferramos con el ánimo de salvar al menos un poco de la ilusión o la cordura. De la salvación de estos “ánimos”, se nutría la fama de David  Copperfield  y nos hacía desaparecer un coche delante de nuestras narices y, aún a sabiendas que las leyes físicas imposibilitan tal acto, se hizo millonario con nuestra ilusión.

De “ella”- la ilusión- es la culpa de que un circo chino hiciese pasar a mastines tibetanos por leones y a ratas como reptiles, ante un público que después de pagar 2,45 $  se dio cuenta de que algo no marchaba bien cuando oyó al rey de la selva ladrar en vez de rugir- Guauu, no se parece en nada a Arrggggggg – , y el chiquillo se dio cuenta del cambio, justificado por los dueños del circo por el envío de los auténticos leones a la labor del apareo con las leonas  de otro circo. De las ratas disfrazadas para que pareciesen reptiles, no hay información, supongo que porque no hay excusa.

Y como la ilusion y espejismos disfrazan la realidad hasta el punto de que con un poco de necesidad, tenemos  la vista y el resto de los sentidos en lo que deseamos ver, se explica la acción del policía en Valencia que se hacía pasar por espía para obtener favores sexuales. Vale, eso ya lo vimos en la película de  Arnold  Schwarzenegger   “mentiras verdaderas”, con el vendedor de coches. Lo peor de todo esto es que  aún  se puede engañar a personas ofreciéndoles un puesto de trabajo- en este caso de espía-, y entre las  diversa pruebas por las que tenían  que pasar, estaban la de entregar al individuo todo el oro del que dispusieran, y si “la superaban”, tan solo quedaba la prueba final: favores sexuales..

Como se puede distorsionar tanto la realidad, para llegar a darle oro y sexo a quien te promete un puesto de trabajo tan poco “convencional”: espía. Y como se puede llegar a ser tan cretino para pensar- un agente de la ley-, que esta farsa continuaría en el tiempo y  quedaría impune.

Parece sorprendente que estas cosas pasen actualmente, pero es que antes también pasaban. Recuerdo la anécdota  de la Karaba:

Hace mucho tiempo, a un pueblo llegó un circo con una gran carpa, que se empezó a montar con gran secreto y sigilo. El día de la apertura, figuraba un gran cartel en la entrada principal, donde rezaba “La Karaba” ¡Pasen y vean! Todos los vecinos del pueblo entre un gran murmullo aguardaban su turno para ir pasando por una cortina, que ocultaba lo que se exhibía en su interior ¡Será un animal raro del continente africano!, decían unos  ¡será un monstruo terrible venido de tierras lejanas!, decían otros.

A medida que iban saliendo por la otra puerta situada en la parte opuesta de la carpa, todos estaban enmudecidos y no decían nada, pero en sus ojos se veía una ira creciente y que pronto iba a estallar.

¡Esto es una tomadura de pelo! ¡Que venga el dueño y nos dé una explicación! ¡Ahí dentro tan solo está una mula tan vieja que no se tiene en pie! ¡Que salga el dueño y nos dé una explicación!

El dueño, al que no le quedó más remedio que salir, explicó sin azorarse ni acobardarse:

-¡Señores, yo no les he engañado! Esta que ven ahí, efectivamente, es la Karaba.

-¡La que araba, y ya no ara, porque está muy vieja!