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Somos lo que votamos, tenemos lo que merecemos

Somos lo que votamosSomos lo que votamos

A nivel nutricional se suele decir que “somos lo que comemos”. En nuestra convivencia  diaria y lucha contra los elementos por lograr un  mayor bienestar y calidad de vida –la forma de vivir nos viene impuesta por sistema–, somos lo que votamos.

Si pensamos detenidamente el panorama que se presenta a partir del 20–D se nos pone –o debería–, el vello de punta. No hace falta hacer cábalas, sino echar una mirada retrospectiva  para ver unos síntomas que perfilaban un panorama político  en pleno proceso virulento en muchos rincones de nuestra geografía.

A pocos días de los comicios y con nuestros gobernantes en pleno proceso de “borrón y cuenta nueva, los ciudadanos somos estos días los importantes. Somos “el fin” de todas las medidas recién paridas, como si nuestras necesidades fuesen a surgir a partir del día siguiente de los comicios y los cuatro años, y los ocho y los doce años pasados no hubiesen existido.

Somos dubitativos y parcos en palabras y con alto nivel de desinformación, echamos balones fuera como los malos futbolistas, nos sentimos conmovidos por la actuación de otros gobiernos ante acontecimientos graves y nos sonrojamos por el comportamiento del nuestro ante el ataque a la Embajada española en Kabul: “somos lo que votamos”

Seremos cortos de memoria al olvidar el estado en que se encontraba España hace cuatro años, narcisistas, faltos de criterio –hoy me uno a Podemos y mañana Podemos es un partido de chiripitiflauticos– y con un futuro complicado si votamos a Sánchez, porque “somos lo que votamos”.

Seremos una Cataluña de 504.645 Km² si votamos a Rivera,  porque los años que lleva en política le han enseñado los entresijos de la política catalana, de su continente y contenido, pero no tiene ni idea de lo que “se cuece” en Madrid,  en Asturias  o en  Extremadura…etc., como tampoco sabía lo que se cocía en Andalucía y he ahí los resultados. Si votamos a Rivera, no hemos de olvidar “somos lo que votamos”.

Seremos más falsos que “la falsa monea” –cantaba Imperio Argentina–, demagogos, vendedores de humo, hipócritas en nuestros discursos e imagen por predicar lo que no pensamos y vestir  por aparentar formar parte de un estrato social en contraposición con nuestra economía. Y si votamos a Iglesias, así seremos porque “somos lo que votamos”.

Y si no votamos, estaremos inmersos en un caos existencial porque seremos comparsas de cualquiera de estos políticos sin carisma, algunos, y sin ideas esperanzadoras para los ciudadanos, otros.

Gran dilema tenemos ante nosotros el día 20–D si dejamos a un lado las ideologías y votamosa quien más nos ilusione.