Un solo bando:ciudadanos

Un solo bando:ciudadanosUN SOLO BANDO

El cumplirse 10 años del mayor atentado en España de la era moderna, además de recordar a las víctimas que de manera física dejaron  sus vidas en  un tren por culpa de unos desalmados, cuyas razones y acciones para tan deleznable acto aún están llenas de sombras, sacaron a la luz lo peor, la parte más vergonzosa, insolidaria y rastrera de una sociedad actual que no es más que el producto y subproducto de insidias, intrigas  y rencores.

Tan solo en los primeros momentos de confusión y  shock, los corazones encogidos y la solidaridad de vecinos, fuerzas de seguridad, equipos de protección y el resto de medios activados, hicieron pensar que la solidaridad española  nos convertiría en “uno solo “ante la adversidad y la barbarie, pero solo fue un espejismo.

No tardaron en hacer acto de presencia los colores políticos y personajes que tan solo tenían en mente las elecciones que se avecinaban, por lo que cada cual intentaba desviar la atención hacia el origen que les era más provechoso, electoralmente hablando. Palos de ciego del Gobierno, acciones vergonzosas rayando la ilegalidad- sino ilegales- de la oposición, y mientras unos lloraban, otros, con una rapidez inusitada, destruían las pruebas y los restos ferroviarios creando confusión y sombras aún hoy día sin iluminar

Todo ello contaminó, dividió y creó grupos de victimas afines a partidos políticos, como si las víctimas no  fueran comunes o de un solo “bando”: ciudadanos. Una vez más hemos tenido la prueba del poder corrosivo de la política cuando se emplea como arma manipuladora.

Por todo ello, un capítulo doloroso en la Historia de España siempre llevará parejo el adjetivo de vergonzoso, al haber sacado lo peor de nosotros. Quizá algún día, sepamos comportarnos frente a la adversidad como han hecho los EE.UU ante hechos tan traumáticos como este: aparcando las diferencias ideológicas, investigando a fondo en busca de la verdad y llorando como “uno solo”.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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