Ya no Podemos

640px-JuanCarlosMonederoCuando se trabaja desde bambalinas, se puede hacer o intentar hacer todo: se puede cambiar el mundo, incluso, algunos intentan cambiar hasta la Historia porque en un grupo cerrado donde todos piensan igual, aplaudir las ideas y propuestas de los demás —que piensan como yo—, da mucho juego.

Otra cosa es salir a la calle y codearse con la realidad, con quienes no piensan como tú ni te dan la razón como si la tuvieras siempre, sin haber pasado por una limpieza mental y espiritual. Puedes encontrarte con que ni eres tan perfecto ni tan distinto de los demás y los gérmenes que han contagiado a la por ellos llamada casta están libres por el aire y pueden contagiar a todos, como así ha ocurrido.

Cuando saltó el escándalo Monedero, Podemos ya estaba desbordado por los acontecimientos en el Parlamento Europeo. La actividad de los cinco representantes en el primer semestre ha sido nula en cuanto a la emisión de opiniones. Ninguna opinión ni propuesta como ponentes principales ni como ponentes alternativos, siendo su única actividad en el campo de las preguntas. Conclusión: nada que aportar pero importante labor de moscas cojoneras.

En estos momentos, el partido que supuestamente había partido del Km 0 de Madrid, no necesita de nadie para su defenestración. Con dejarlos solos, basta, porque se están convirtiendo en un partido político al uso, con los mismos rasgos, pero con un afán y voracidad de atrapar todo, de cualquier ideología o color, de izquierdas o derechas, trazando su línea divisoria horizontal con la vista puesta en los de arriba y los de abajo, entre la casta y los demás, pero alardeando de pertenecer a ese modelo chavista y comunista que tanta ruina tiene encima.

Las penúltimas declaraciones de Juan Carlos Monedero, eran de rechazo hacia la partitocracia, hacia las reglas que han de regir una actividad creada y enfocada a servir y ayudar a los ciudadanos y al país, como es la política. O acaso, cuando la fiebre revolucionaria le hacía soñar con importantes cambios en España veía un panorama sin reglas. Es posible.

Pero en sus últimas declaraciones, apenas veinticuatro horas después de su fulgurante dimisión y las acusaciones de desvío de ruta por parte de la cúpula del partido Podemos, ha vuelto a utilizar el recurso de los partidos al uso para deshacer entuertos y enmendar rotos y meteduras de pata: donde dije digo, digo Diego.

Ya no podemos creer, si algunas vez lo hemos hecho, en que los brotes de savia nueva en el panorama español venga libre de contaminación y con ganas de solucionar errores pasados y actuales y dispuestos a despejar el futuro. Más bien, nacen podridos por el afán revanchista, llenos de quejas y con la cartera de propuestas vacía. No son creadores de nada, son críticos de todo, por lo que tan solo pueden aportar más enrarecimiento a la atmósfera política actual, por cierto, irrespirable.

Acerca de Angel

Intento sobrellevar un tiempo emocionante para sus protagonistas, cansino para el observador, de inacabable ir y venir, donde no se ha sabido acotar un terreno de encuentro ni arbitrar unas reglas del juego por todos respetadas, porque fuesen respetables.

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